"Abrir puertas a la tierra", fue la expresión de época que influiría en la
Historia Argentina estableciendo un puerto y población vecinos al mar como vía de comunicación con España, y dando nacimiento casi equiparado a la provincia de
Buenos Aires y el país.
Las corrientes civilizadoras provenientes de
Europa y expandidas en territorio argentino, y la línea
indígena que había atravesado la Cordillera de los Andes para habitar en este oasis hasta entonces desierto, fueron los dos primeros aportes componentes de la nueva raza que surgía.
Con un proceso lento pero definitivo, la provincia de
Buenos Aires mantuvo siempre gran preponderancia en la formación de la
Nación Argentina. Tanto por sus riquezas naturales, cuanto por sus instituciones, logró desde un comienzo una contextura política y económica que le permitió proyectarse en el tiempo hasta alcanzar su destacada y efectiva grandeza actual.
Entre los antecedentes más relacionados con el nacimiento y la conformación de esta gran urbe nacional, puede hacerse referencia a la fundación del
Puerto de Santa María del Buen Aire en 1536 por parte de Don Pedro de Mendoza, su destrucción por los propios españoles al trasladarse a Asunción, y su segunda y definitiva fundación en 1580 por Juan de Garay quien la llamó
Ciudad de la Santísima Trinidad. Esta ciudad portuaria se transformaría primero en Capital de la Gobernación y luego del Virreinato del Río de la Plata.
Posteriormente, Garay emprendió una incursión por el interior, recorriendo en un lapso de dos meses las zonas del
Tuyú,
Tordillo y
Kakel Huincul, llegando hasta el Cabo Corrientes. En esa oportunidad repartió las tierras entre los expedicionarios que lo acompañaron, ubicando las estancias para cría de ganado con frente al Río de la Plata.
Luego de varias décadas sin que se produjeran nuevas irrupciones en el interior bonaerense, llegaron los Padres Jesuitas a fundar reducciones entre las cuales se destacan
La Concepción, sobre el Río Salado, y
Nuestra Señora del Volcán, en la Sierra de los Padres. A la vera de rutas abiertas desde Buenos Aires hasta ciudades importantes del Virreinato del Río de la Plata, fueron surgiendo poblaciones como las de
Baradero (1616),
Luján (1630),
Quilmes (1666) y
San Andrés de Giles.